miércoles, abril 09, 2008

Carapacho de salitre

Empieza a ser chocante que las personas sigan preguntando qué paso el día en que Fidel renunció al poder. Todos creen que los cubanos esperaban ese día con mucha ansiedad, creen que hubo manifestaciones en Centro Habana o en todo caso, que volvieron a tirarse al mar en pleno malecón buscando Miami. Nada más falso que eso.

Arribé al aeropuerto José Martí apenas unos minutos después del mensaje del “comandante en jefe de la revolución”, nada fuera de lo normal. Como siempre, a la salida se encontraban cubanos acechando turistas para llevarlos en Taxi o invitarlos a casas de arrendamiento. Todo normal: grandes y preciosas negras vapuleándose en las calles, excitantes mulatas presumiendo sus enormes escotes y cubanos de buen ver, guapeando con las insípidas mujeres europeas.

En el barrio de Colón, en Centro Habana, muy poca gente se interesaba en el tema político. A nadie le importaba esa noticia que sorprendió al mundo; la mayoría se concentraba en sobrellevar la pobreza con la que han convivido por más de quince años. Algunos le daban al dominó en plena calle, sorbían litros de ron o simplemente jineteaban yumas. Mientras tanto la ciudad se mostraba neoclásica, incólume, bella. Resistiendo el maldito salitre a toda hora. Esperando al tiempo.

Casi todas las noches caminé pegado a mi tumor inextirpable, ella cargaba el ron mientras yo preparaba los purros de marihuana. Allí íbamos llenos de socialismo, dándonos de topes con un régimen real, sojuzgando las prohibiciones y traicionando a la revolución. En la calle de San Lázaro pudimos encontrar varios solares repletos de sexo. La música se entrometía durante la caminata y el calor aflojaba el cuerpo. No fue tan difícil dejarnos llevar con las entrepiernas caribeñas. Ella comprobó sin pudor cada centímetro de las erecciones cubanas y yo pude degustar salvajemente varios clítoris completamente amargos, llenos de salitre.

Ahora, sigo intoxicándome de una manera muy perversa, busco a las mujeres y trato de encontrar algo en ellas, no sé si compañía o desdén. He recibido más odio que amor. Pero mi olfato se ha vuelto más agudo, es el que me guía. Las mujeres mujeres, hieden, excitan, saben. Te toman, te someten, no te dejan respirar. No hay escapatoria, solo me queda apretar los ojos y esperar a que el caribe llegue y me tome por asalto.

Ayer terminé la Trilogía sucia de la Habana y no pude evitar masturbarme nuevamente con sus imágenes textuales. Mi hermano de quince años me preguntó que por qué estaba manchada mi sábana por la mañana si había estado solo toda la noche. Quise contestarle, pero mejor le regalé el libro. Le hará más falta a él.

israel chávez reséndiz
22:13

“Por la tarde no tenía nada que hacer. Bueno, así es día tras día. Nunca se hace nada. Me quedaban cinco pesos en el bolsillo y me senté en el piso, recostado al borde de la puerta. Llevaba días sin darme un trago, sin dinero, esperando. ¿Esperando qué? Nada. Esperando. Aquí todos esperan. Un día detrás del otro. Nadie sabe qué espera. Los días pasan. Y el cerebro se embota. Eso es bueno. Tener el cerebro embotado es bueno para no pensar. A veces pienso demasiado y me desespero. Alguna vez estudié y fui disciplinado, tuve objetivos para mañana y para el próximo año, y salí a luchar por el mundo. Después todo se hizo sal, agua, y caí en esta pocilga. Unos tienen sarna, otros tienen piojos, o ladillas. No hay dinero, ni comida, ni trabajo, y cada día vienen más y más. No sé de dónde aparece tanta gente desarrapada. Viven como las cucarachas. Diez o doce en un cuarto.
Por eso lo mejor es no pensar mucho y divertirse. Ron, mujeres, marihuana. Una rumbita cuando se puede. Lo demás es mierda y es mejor no revolverla, para que no hieda.

…abrí la puerta. Isabel salió a la azotea y volvió a los calderos. Me puse un short y me volví a sentar en el quicio de la puerta. Había una brisa fresca. Ahora es cuando esto empieza, pero le tengo miedo a esa mulata. Es puta y romántica y yo le gusto. Una combinación demasiado perfecta. Y ninguno de los dos se quiere complicar. ¿Para qué buscamos más líos? Con lo que hay es suficiente.”


* Pedro Juan Gutiérrez. Trilogía sucia de la Habana. Barcelona: Anagrama. 1998. 359 p.

4 eyaculaciones:

Me excité sobremanera con este librito de relatos apretujados. Lo leí este verano, y a veces, cuando el calor de Barcelona apretaba en el subterráneo, me empalmaba de manera brutal y sincera. No he leido nada más de Pedro Juan Gitiérrez.
De todas formas, por momentos muchos escenas del libro sonaban redundantes y lineales. No obstante, creo que es un autor con una fuerza narrativa exultantemente hipnótica.
Un saludo.

me gusta más esta versión, es mas tuya, unas partes me sonaron a el boticario jaja
besos, ya sabes quien soy

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