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lunes, julio 27, 2009

Elogio de la vagancia

Durante la secundaria nunca entendí que era eso de la Filosofía. A decir verdad, siempre me produjo mucho asco saber que los filósofos se consideraban “amantes de la sabiduría”. Me causaba mucho resquemor imaginar qué tipo de personas dedicaban por completo su vida a reflexionar sobre la esencia humana. Por mucho tiempo desdeñé ese tipo de lecturas; de hecho sólo me dedicaba a perder el tiempo en la calle, pelear con los amigos y conseguir los primeros sorbos de cerveza a hurtadillas. A vagar.

Ahora que lo pienso, me doy mucha lástima, ya que un par de años después conocí algunos aforismos de Nietzsche y los memoricé con el único afán de fanfarronear con mis compañeros de clase. Después llegaron las aseveraciones de Schopenhauer y el fatalismo de Sartre y de Cioran. Conforme leía, aumentaba mi soberbia, pero sobre todo mi maldita arrogancia. Fueron varios años de ignorancia, ya que las lecturas que hice fueron parciales, mal hechas. Sólo buscaba la frase irreverente y provocadora. Me asumí como un falso erudito de barrio y siempre que pude, marqué distancia con mis compañeros de clase. No cabe duda, estas primeras lecturas me refundieron en una apestosa ignorancia. Tuvieron que pasar varios años, para que me reconociera en el espejo y comenzará a leer sin egos, ni avaricias.

Hoy conozco la valentía de los filósofos, el arte de pensar el mundo y arriesgarse a escribir sobre ello. A sostener nuestras disertaciones sin miedo a equivocarnos o doblarnos ante el primer embate. Fadanelli elogia a la vagancia, al tiempo perdido entre libros, al errar, caminar, caerse, seguir, romperse. A filosofar o por lo menos, a pensar.

Israel Chávez

“Quizás el único momento en que las máquinas se parecen a los hombres es cuando dejan de funcionar, se averían o su mecanismo comienza a tener vicios, cuando enloquecen y no responden a nuestro control.”

* Guillermo Fadanelli. Elogio a la Vagancia. México: Lumen - Random House Mondadori. 2008. 124 p.