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jueves, mayo 13, 2010

El insaciable hombre araña


"No sé dónde vive ni qué hace. No sé nada. Alguien me dijo que se casó con un siquiatra millonario, que vive en la zona de Cape Cod y que ha engordado muchísimo. No sé, yo caí en un estado depresivo que me duró años. Fue terrible y no quiero recordar aquel tiempo: depresivo, furioso, rabioso, desconcertado, borracho todo el día, sin comida, sin dinero, claustrofóbico, con intenciones suicidas, todos los días me templaba a una negra diferente. A veces me pegaban ladillas. Las buscaba entre las más vulgares y prosaicas de mi barrio. Me gustaba golpearlas cuando las tenía bien clavadas y ellas se arrebataban con mi sadismo. Quizás eso fue lo que me salvó: las borracheras, las mujeres, soltar furia, tirarlo todo a la mierda, no esperar nada de nadie. Y escribir. En las madrugadas, borracho, escribía cuentos de todo lo que me sucedía. Era muy divertido. Y seguí adelante. Y aquí estoy."

"…han pasado veinte años. Desde aquí miro aquella etapa de mi vida y me asombro de lo fácil que es alcanzar y mantener un altísimo nivel de estupidez. Ya no tengo remedio: ahora soy un manojo de dudas e incertidumbres de todo tipo. A veces se acumulan tantas que llego a la perplejidad absoluta."

* Pedro Juan Gutierrez. El insaciable hombre araña. Barcelona: Anagrama. 2002. 211 p.

miércoles, abril 09, 2008

Carapacho de salitre

Empieza a ser chocante que las personas sigan preguntando qué paso el día en que Fidel renunció al poder. Todos creen que los cubanos esperaban ese día con mucha ansiedad, creen que hubo manifestaciones en Centro Habana o en todo caso, que volvieron a tirarse al mar en pleno malecón buscando Miami. Nada más falso que eso.

Arribé al aeropuerto José Martí apenas unos minutos después del mensaje del “comandante en jefe de la revolución”, nada fuera de lo normal. Como siempre, a la salida se encontraban cubanos acechando turistas para llevarlos en Taxi o invitarlos a casas de arrendamiento. Todo normal: grandes y preciosas negras vapuleándose en las calles, excitantes mulatas presumiendo sus enormes escotes y cubanos de buen ver, guapeando con las insípidas mujeres europeas.

En el barrio de Colón, en Centro Habana, muy poca gente se interesaba en el tema político. A nadie le importaba esa noticia que sorprendió al mundo; la mayoría se concentraba en sobrellevar la pobreza con la que han convivido por más de quince años. Algunos le daban al dominó en plena calle, sorbían litros de ron o simplemente jineteaban yumas. Mientras tanto la ciudad se mostraba neoclásica, incólume, bella. Resistiendo el maldito salitre a toda hora. Esperando al tiempo.

Casi todas las noches caminé pegado a mi tumor inextirpable, ella cargaba el ron mientras yo preparaba los purros de marihuana. Allí íbamos llenos de socialismo, dándonos de topes con un régimen real, sojuzgando las prohibiciones y traicionando a la revolución. En la calle de San Lázaro pudimos encontrar varios solares repletos de sexo. La música se entrometía durante la caminata y el calor aflojaba el cuerpo. No fue tan difícil dejarnos llevar con las entrepiernas caribeñas. Ella comprobó sin pudor cada centímetro de las erecciones cubanas y yo pude degustar salvajemente varios clítoris completamente amargos, llenos de salitre.

Ahora, sigo intoxicándome de una manera muy perversa, busco a las mujeres y trato de encontrar algo en ellas, no sé si compañía o desdén. He recibido más odio que amor. Pero mi olfato se ha vuelto más agudo, es el que me guía. Las mujeres mujeres, hieden, excitan, saben. Te toman, te someten, no te dejan respirar. No hay escapatoria, solo me queda apretar los ojos y esperar a que el caribe llegue y me tome por asalto.

Ayer terminé la Trilogía sucia de la Habana y no pude evitar masturbarme nuevamente con sus imágenes textuales. Mi hermano de quince años me preguntó que por qué estaba manchada mi sábana por la mañana si había estado solo toda la noche. Quise contestarle, pero mejor le regalé el libro. Le hará más falta a él.

israel chávez reséndiz
22:13

“Por la tarde no tenía nada que hacer. Bueno, así es día tras día. Nunca se hace nada. Me quedaban cinco pesos en el bolsillo y me senté en el piso, recostado al borde de la puerta. Llevaba días sin darme un trago, sin dinero, esperando. ¿Esperando qué? Nada. Esperando. Aquí todos esperan. Un día detrás del otro. Nadie sabe qué espera. Los días pasan. Y el cerebro se embota. Eso es bueno. Tener el cerebro embotado es bueno para no pensar. A veces pienso demasiado y me desespero. Alguna vez estudié y fui disciplinado, tuve objetivos para mañana y para el próximo año, y salí a luchar por el mundo. Después todo se hizo sal, agua, y caí en esta pocilga. Unos tienen sarna, otros tienen piojos, o ladillas. No hay dinero, ni comida, ni trabajo, y cada día vienen más y más. No sé de dónde aparece tanta gente desarrapada. Viven como las cucarachas. Diez o doce en un cuarto.
Por eso lo mejor es no pensar mucho y divertirse. Ron, mujeres, marihuana. Una rumbita cuando se puede. Lo demás es mierda y es mejor no revolverla, para que no hieda.

…abrí la puerta. Isabel salió a la azotea y volvió a los calderos. Me puse un short y me volví a sentar en el quicio de la puerta. Había una brisa fresca. Ahora es cuando esto empieza, pero le tengo miedo a esa mulata. Es puta y romántica y yo le gusto. Una combinación demasiado perfecta. Y ninguno de los dos se quiere complicar. ¿Para qué buscamos más líos? Con lo que hay es suficiente.”


* Pedro Juan Gutiérrez. Trilogía sucia de la Habana. Barcelona: Anagrama. 1998. 359 p.

miércoles, octubre 10, 2007

Animal Tropical

El mes pasado terminé de leer Animal Tropical y tengo que decir que me masturbé varias veces con la imagen de Gloria. Oh, si. Maldito animal caribeño. Puta madre, tengo que ir a la Habana, antes de que se muera fidel.

Es cierto que en la ciudad puedes encontrarte a mujeres de diferente tipo y actitud. Pero tener a una mulata o a una negra caribeña de frente, uyuyuy, sería como encontrar las perlas entre la mierda. No sé que haría con ella, si cortejarla o directamente ir al grano. A lo mejor le propondría bailar pese a que yo no sé hacerlo. Miraría, me excitaría sobremanera. No lo sé. Algún día sucederá. Por lo mientras mediocremente tuve que conformarme leyendo a Pedro Juan Gutiérrez. Maldita sea. Cómo quiero escribir si me la paso jugueteando con puras niñas. Necesito una mujer. A Gloria.

No sé si algún día mis letras seduzcan a una mujer de verdad. O de menos que me sea tan fácil abrir sus piernas como las dos pastas de un libro. No creo. La mayoría es atraída por la empalagosa miel de sabines, de neruda, de benedetti. Les gusta lo dulce; a mí, lo agrio. Se van por lo fácil, por lo predecible. Padecen tanto de si mismas que no se libran de su pulcritud. No dicen malas palabras. Hasta en eso se reprimen. Todo rosa, todo desechable. Niñas, niñas, niñas.

No me importa si lo que hace Pedro Juan es realismo sucio, no me quiero meter en discusiones sobre su estilo, si es minimalista o no, si repite el mismo esquema en todos sus relatos, o si solo se dedica a “templar” y presumirnos su gran dote para jinetear caribeñas. Lo único que sé es que no es un libro para leerlo solo, porque cuando balbuceé tres líneas frente a una MUJER, caí en cuenta que enloquecen. Se mojan, excitan. Devoran también. Wow!!

* fuck, fuck, fuck.

israel chávez reséndiz
23:32hrs

“En dos minutos estamos desnudos sobre la cama. Hacemos un sesenta y nueve para entrar en calor. Siempre tiene el bollo oloroso. Un olor fuertecito, nada sutil. Es mulata pero huele a negra. Riquísimo. No me puedo desprender. Nos damos la lengua como dos diablos. Es fibra pura, tensa. Cuando la penetro se desborda. Dice todo lo que se le ocurre y nunca sé si es verdad o mentira. Yo empujo duro y choco con el fondo de ella. Me gusta. Chocar una y otra vez. Templamos como dos salvajes. Como un potro y una yegua. La escupo, le echo saliva en la boca y se arrebata…no quiero terminar todavía. Se la saco un poco. Controlo. Relajo. Se la vuelvo a meter. Ella tiene otro orgasmo. ¿Cuántos ha tenido? Ni ella misma lo sabe. Uno detrás del otro.

Así es la vida. Dolor y placer. Bebo una taza de café, doy fuego al tabaco y salgo al mercado. Con mi tatuaje al aire, bajo el sol. Me gusta templar al duro con Gloria. Al duro. Un par de horas sudando, y después salir a pasear yo solo. Con mi aroma a sudor, a semen, a Gloria, a cama. Yo nací para ser caribeño.”

Pedro Juan Gutiérrez. Animal Tropical. Barcelona: Anagrama. 2002. 294 p.