Hace cincuenta años, tomar un vehículo para huir de las comodidades urbanas, viajar grandes kilómetros, saltar de un lugar a otro e incluso allanar otro país, significaba la irreverencia total. Era sacar a flote un poco de autenticidad y más, si los individuos se jactaban de escribir parrafadas impublicables debido a la rabia de los textos. No importaba apostarlo todo por las drogas, por el viaje, por la entrañable compañía de otros escritores en ciernes.Ahora mismo puede sonar atractivo para mucha gente, incluso para los flamantes críticos literarios que se rehusan a vivir con nosotros en el fango, en México. Quisiera imaginar también que pasaría por la mente Kerouac al recorrer las veredas de Michoacán o las calles de Ciudad Juárez; seguro se rehusaría tajantemente a cruzar la frontera. No tendría estómago para recoger cabezas humanas o contar los cartuchos percutidos de AK-47.
Israel Chávez
11:14pm
* Jack Kerouac. En el camino. Barcelona: Anagrama. 2005. 364 p.





