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viernes, julio 20, 2007

Enfermo, decrépito, vil, obsceno.

Estos últimos meses de depresión, cobardemente he pensado en matarme. A veces jugueteo y hago cuentas para hacerme de una pistola razonablemente buena, no sé, una cuarenta y cinco talvez, y utilizarla para reventarme la puta cabeza. También he descifrado el horario que más me acomoda para escribir unas cuantas líneas. Entre las diez pm y las dos de la mañana. Justo a esa hora es cuando te obstinas en mostrarte una y otra vez como un goteo continuo de sangre. Así, antes de dormir, hay un maldito instante donde revisas todo tu día, justo ahí, siempre me pregunto quién es más cobarde. Por ejemplo, ahora casi dan las once de la noche, estuve batallando para terminar Los detectives salvajes, pasaban las hojas, las líneas, párrafos enteros. Pero seguías ahí. Me vi tentado a llamarte pero para qué. Si últimamente tu desprecio se ha encrispado, se ha hecho más fuerte. Más letal. Es más fácil teclear una o dos horas, hablar conmigo mismo, escribir un vil y miserable monólogo con la esperanza de que lo leas. ¿Es enfermo no? Enfermo, decrépito, vil, obsceno.

De las únicas cosas que me quedan, esta el disco duro de mi pc, a diario le inyecto mil quinientas palabras, de esas, como dos mil son para ti. Es muy indigno mostrarme todo el tiempo en el suelo, perdón pero así es. Me fastidio, no te creas. Me aborrezco y mucho. Por eso fantaseo con mi muerte. No he leído todo lo que he querido, aunque debo decir que hasta el momento le voy ganando a la conjuntivitis, aunque de repente se aparece la puta depresión y entre las dos me apalean. No importa. STRONG, STRONG, STRONG. La paradoja es: los problemas me buscan. Quieres amarme, pero no sabes como hacerlo. Te trato con amabilidad y me lo pagas con desprecio. ¿Acaso importa vivir más?

23:10hrs
Israel Chávez Reséndiz