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martes, abril 14, 2009

Hoy los mirlos estan alborotados

más que solo que un huerto seco y agotado
puesto sobre la tierra
para uso y abuso.

Abatido como un ex boxeador que vende
periódicos en la esquina

deshecho en lágrimas como
una corista que se ha hecho vieja
y recibe su último cheque.

un pañuelo vendrá bien su señoría,
vuestra merced,

hoy los mirlos está alborotados
como las uñas encarnadas
en una noche
en la celda...
vino gemido vino,
los mirlos corretean y
revolotean
repitiendo
melodías y castañuelas españolas,
y cualquier parte no está en
ninguna parte...
es un sueño peor que
las tortitas o una rueda pinchada:
por qué continuamos
con la cabeza y
los bolsillos llenos de
polvo
como un niño malo que acaban de expulsar
del colegio...
dígamelo
usted que fue un héroe en alguna
revolución
usted que enseña a los niños
usted que bebe con calma
usted que posee grandes casas
y pasea por jardines
usted que ha matado a un hombre y posee una
bella esposa
dígamelo usted
por qué ardo como un
viejo vertedero
seco

podríamos mantener una correspondencia
interesante,
tendríamos ocupado al cartero
y las mariposas y las hormigas y los puentes y
los cementerios
las estructuras de cohetes y los perros y los mecánicos de coches
continuarían
un poco más
hasta que nos quedásemos sin sellos
y/o ideas.

no se avergüence de
nada supongo que Dios pensó en todo
incluso
en las cerraduras
de las puertas.



Charles Bukowski

domingo, agosto 10, 2008

Heces fecales

De vez en cuando saco la correa y camino con Buk por mi barrio. Es muy común que en el trayecto nos encontremos con heces fecales, incluso él mismo ha tirado su carga en los portones de los vecinos. No me preocupo, porque seguramente otro perro está haciendo lo mismo en la puerta de mi casa; de alguna manera siempre se presenta un equilibrio.

La mayor parte de mis vecinos aprendió a leer devorando la nota roja de los periódicos, muchos de ellos evitan que sus hijos pisen una escuela por temor a hacerlos tontos. Entonces los niños aprenden lo necesario con la violencia intrafamiliar o las rencillas de la calle. Poco a poco van tallando sus rostros como si fuera un pedazo de madera hueca.

Al crecer roban, delinquen, se casan, tienen hijos y con ello permiten que el ciclo se perpetúe. Pobreza, marginación, ignorancia. Muy pocos logran romper la tradición familiar, entonces salen del barrio, se convierten en policías y regresan a reclutar más cuadros. Podrían pasar mil años y podríamos seguir anclados en el fango. No hay más.

El paseo con mi perro sigue y el parecido con una favela surge de inmediato, pues a pesar de que todas las casas son diferentes entre sí, el panorama es el mismo: puertas corroídas por la humedad, cocheras de terracería, grafittis y amenazas de muerte entre pandillas pintadas sobre las bardas de las escuelas, autos abandonados, varillas saliendo de las paredes esperado los ahorros para seguir con la construcción, vidrios rotos en las ventanas, niños descalzos, adolescentes inhalando solventes, mujeres con pésimos tatuajes, adictos y ladrones de poca monta asaltado a los novatos.

Aquí vivo, aquí me he criado. Ése es el México que conozco y el maldito país de porquería del que soy parte. El mismo que está colmado de pobres y una clase empresarial mezquina y rancia; el único lugar donde la estupidez a carcomido las mentes que todavía siguen pensando que la policía y el ejército patrullando las calles protegen a la ciudadanía. ¿En que otro lugar puede existir gente así?

Hace unos días me enteré por los periódicos que el consorcio de ropa y accesorios deportivos Martí y Sport City fue vendido en mas de 500 mil millones de pesos, cifra que mi mente no alcaza a concebir. El dueño, Fernando Martí, demostró que los millones pueden más que la vida de su hijo, pues Alejandro, un niño de 14 años fue secuestrado por una banda de policías federales.

Todo el evento me tiene sin cuidado, ya suficientes problemas tengo lidiando con la violencia de mi barrio y la escasez de dinero. Sin embargo el secuestro del niño empresario despertó mi morbo, pues su cuerpo fue abandonado a unas calles de donde vivo. Entonces traté de concebir el grado de imbecilidad de los policías-secuestradores al no tener idea de la fortuna de la familia Martí y que solo hayan exigido 5 millones de pesos por la vida del niño. Pero lo que me produjo asco fue que el padre no haya accedido a pagar de inmediato la ínfima cantidad.

Como ya es costumbre, los presentadores de noticias y columnistas de periódicos cerraron filas generando un discurso de odio y de linchamiento en contra de las clases bajas pues asumen que la delincuencia surge de la pobreza. Se exige la pena de muerte y cadenas perpetuas al escalafón más bajo de la sociedad. Se nos acusa de delincuencia organizada cuando las balas que siguen matando personas tienen grabado el escudo de la policía. Vaya manera de ser democráticos.

Regreso a casa y tal como lo esperaba Buk olfatea la mierda de otro perro; ya ni me inmuto, el país funciona con toda normalidad.

israel chávez reséndiz
2:23am